Evaluación de riesgos
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Evaluación de riesgos de máquinas: el riesgo como relación hombre‑máquina

MB
Marcin Bakota Compliance Expert
16 December 2025
11 min de lectura
Resumen de IA

La evaluación del riesgo según ISO 12100 se reduce muy a menudo a una mera descripción de los peligros presentes en la máquina. Este enfoque es intuitivo, pero conduce a simplificaciones que, desde el punto de vista del diseño, aportan poco valor. La norma no considera el riesgo como una característica inherente a la máquina. El riesgo no existe al margen del uso. Solo aparece cuando una persona interactúa con la máquina, realizando determinadas tareas en condiciones concretas.

El riesgo como resultado de la relación persona–máquina, no como una característica de la máquina

En la aplicación de ISO 12100, la evaluación del riesgo a menudo se reduce a enumerar los peligros presentes en la máquina. Es un enfoque comprensible, pero introduce simplificaciones que, desde el punto de vista del diseño, aportan poco. La norma no entiende el riesgo como una propiedad inherente de la máquina. El riesgo no existe al margen del uso: solo aparece cuando una persona interactúa con la máquina, realizando tareas concretas en condiciones determinadas.

Esta diferencia es clave para orientar correctamente el análisis. Si el riesgo se interpreta únicamente como la suma de peligros técnicos, es fácil pasar por alto las situaciones en las que un peligro se materializa. Puede haber elementos peligrosos presentes de forma permanente, pero mientras no exista acceso real durante la ejecución de una tarea, el riesgo se mantiene en el plano teórico.

ISO 12100 conduce al diseñador hacia un enfoque relacional. En lugar de preguntar “qué peligros hay en la máquina”, la norma invita a plantear “en qué momentos del trabajo la persona entra en el área de influencia de esos peligros y por qué”. Este cambio de foco transforma el carácter de toda la evaluación del riesgo: el análisis deja de ser estático y pasa a reflejar el uso real previsto (y razonablemente previsible) de la máquina.

Este planteamiento también ayuda a entender por qué los accidentes raramente ocurren en condiciones ideales de funcionamiento automático. Lo habitual es que se produzcan cuando la máquina opera en modos distintos del uso normal, y la persona realiza tareas auxiliares, de intervención o no estandarizadas. En esos momentos cambia la relación persona–máquina y los peligros que antes estaban eficazmente separados pasan a ser accesibles.

Entender el riesgo como el resultado de una relación, y no como una cualidad de la máquina, conduce a decisiones de diseño más conscientes. En vez de centrarse en eliminar peligros “en general”, el diseñador se concentra en reducir la exposición de las personas en situaciones concretas de uso. Esta lógica es la base del enfoque de ISO 12100 y marca el rumbo de la evaluación: desde definir el contexto de utilización, pasando por identificar tareas y estados de la máquina, hasta seleccionar medidas eficaces de reducción del riesgo.

Evaluación del riesgo: las limitaciones de la máquina como condición para una evaluación con sentido

Toda evaluación del riesgo con valor para el diseño debe situarse en un contexto real de utilización de la máquina. Para ello sirve la determinación de las limitaciones de la máquina. No es un trámite formal ni administrativo, sino el momento en el que el diseñador define dentro de qué límites se va a considerar el riesgo y a qué forma real de trabajo debe referirse.

Sin limitaciones claramente establecidas, la evaluación del riesgo se vuelve rápidamente abstracta. La máquina deja de ser un equipo concreto que opera en un entorno determinado y pasa a convertirse en un modelo teórico en el que todo “debería” funcionar según lo previsto. ISO 12100 se aparta de ese enfoque, asumiendo de forma consistente que la máquina se utilizará en condiciones alejadas de lo ideal.

Las limitaciones de la máquina abarcan mucho más que su finalidad tecnológica. Entre otras cuestiones, definen:

  • qué tareas se realizarán en la máquina durante el funcionamiento normal,

  • qué operaciones auxiliares y de intervención son inevitables,

  • quién tendrá acceso a la máquina y en qué medida,

  • en qué condiciones ambientales operará,

  • cómo es el ciclo de vida completo, desde la instalación hasta el desmantelamiento.

Aquí es especialmente relevante contemplar los comportamientos reales de las personas, derivados de la práctica operativa y no de lo que figura en la instrucción. La presión por los plazos, la rutina, el cansancio o la necesidad de restablecer la producción con rapidez no son “excepciones”: forman parte del día a día en un entorno industrial. ISO 12100 parte de esa realidad y exige que se tenga en cuenta ya en la fase de definición de los límites de la máquina.

Si los límites de la máquina se definen de forma demasiado restrictiva, el riesgo se infravalorará de manera sistemática. Quedarán fuera del análisis tareas esporádicas o realizadas en condiciones distintas a la operación normal, precisamente aquellas que con frecuencia concentran el mayor nivel de peligro. En el extremo opuesto, una definición excesivamente genérica de los límites conduce a una evaluación poco precisa, en la que situaciones de uso muy diferentes se tratan como si fueran equivalentes.

En el enfoque de ISO 12100, los límites de la máquina no son un fin en sí mismos. Son el marco de referencia para identificar posteriormente las tareas, los estados de la máquina y las situaciones peligrosas. Solo a partir de esa base puede abordarse una estimación del riesgo que refleje las condiciones reales de trabajo, y no únicamente las hipótesis de diseño.

Vinculación de la evaluación de riesgos con la documentación técnica de la máquina

En la práctica de diseño es habitual encontrar enfoques en los que la evaluación de riesgos se gestiona como un documento “aparte” de la documentación técnica. ISO 12100 apunta a una lógica distinta: la evaluación de riesgos y la documentación técnica están inseparablemente conectadas, porque describen el mismo objeto —la máquina— desde perspectivas complementarias.

La evaluación de riesgos identifica tareas, estados de la máquina, situaciones peligrosas y sucesos peligrosos. La documentación técnica, por su parte, explica cómo se ha diseñado la máquina, qué soluciones se han aplicado y cómo debe utilizarse. Cuando ambas piezas no son coherentes entre sí, aparece una brecha que en la práctica se traduce en instrucciones poco claras, medidas de protección ineficaces o dificultades durante una auditoría.

Un enfoque basado en tareas para la evaluación de riesgos facilita enlazar directamente sus resultados con la documentación. Cada tarea identificada en la evaluación de riesgos debe tener su reflejo en la documentación de uso o de mantenimiento. Si una tarea se considera crítica desde el punto de vista del riesgo, que no exista una descripción de la misma en la documentación es un indicio claro de falta de consistencia en el proceso de diseño.

Igualmente importante es la conexión de la evaluación de riesgos con la documentación de diseño mecánico y con la documentación eléctrica. Las decisiones de diseño relativas a resguardos, sistemas de mando, modos de funcionamiento o procedimientos de rearme no son arbitrarias: se justifican en la evaluación de riesgos. La documentación técnica debe permitir seguir esa trazabilidad, desde la detección de la situación peligrosa, pasando por la identificación del suceso peligroso, hasta la solución técnica adoptada.

ISO 12100 considera que la documentación no es solo un “resultado final”, sino un elemento del proceso de reducción del riesgo. Su función es apoyar la ejecución segura de las tareas, no limitarse a cubrir un requisito formal. Por eso, una documentación elaborada sin referencia a las tareas y a los resultados de la evaluación de riesgos pierde gran parte de su utilidad operativa.

Desde un planteamiento sistemático, la documentación técnica, el manual de instrucciones y la evaluación de riesgos deben constituir un conjunto coherente. Cualquier cambio en el diseño, en el sistema de mando o en la organización del trabajo debería implicar una revisión de las tareas y la actualización de la documentación. Solo así el proceso de reducción del riesgo mantiene su continuidad y su eficacia durante todo el ciclo de vida de la máquina.

Evaluación de riesgos: Relación entre las tareas y las medidas de protección

Uno de los malentendidos más habituales en la práctica de la evaluación de riesgos es seleccionar las medidas de protección únicamente en función de los peligros. Ese enfoque lleva a que las protecciones sean correctas “sobre el papel”, pero fallen en el uso real de la máquina. ISO 12100 exige otra forma de razonar: las medidas de protección deben valorarse en el contexto de las tareas, y no exclusivamente en el contexto de los peligros.

El peligro puede estar presente de forma permanente; sin embargo, es la manera en que se realiza la tarea la que determina si la persona está expuesta y en qué medida. Cuando una medida de protección dificulta la ejecución del trabajo, en la práctica tiende a ser sorteada o incluso anulada. La norma parte de que estas situaciones son previsibles y deben considerarse en la evaluación del riesgo.

Por ello, la selección de medidas de protección debería dar respuesta, como mínimo, a estas cuestiones:

  • qué tareas se realizan en la máquina,

  • cuáles de ellas requieren acceso a zonas de influencia del peligro,

  • en qué estados de la máquina se ejecutan esas tareas,

  • si las protecciones diseñadas permiten realizar la tarea con seguridad.

Por ejemplo, un resguardo que elimina eficazmente el acceso a la zona peligrosa durante el funcionamiento normal puede, al mismo tiempo, dificultar de forma notable la limpieza o un ajuste. Si la limpieza se realiza de manera habitual y para llevarla a cabo es necesario desmontar el resguardo, el riesgo no desaparece: cambia de naturaleza. ISO 12100 indica que, en estos casos, deben valorarse soluciones de diseño alternativas que reduzcan la exposición durante esa tarea concreta.

El enfoque basado en tareas conduce a una selección de medidas de protección más ajustada. En lugar de una solución única “para todo”, se plantean medidas adaptadas a cada tarea y a cada estado de la máquina. Así, las protecciones no solo resultan eficaces desde el punto de vista técnico, sino también asumibles y sostenibles en la práctica de uso.

Papel de la información para el uso en el contexto de las tareas

ISO 12100 establece de forma clara que la información para el uso es uno de los elementos para la reducción del riesgo, pero no puede sustituir las medidas de diseño ni las medidas técnicas de protección. En la práctica, esto implica que instrucciones, advertencias y procedimientos deben referirse a tareas reales, y no a peligros descritos de forma abstracta.

La información para el uso debe responder a la cuestión de cómo realizar con seguridad una tarea concreta, y no limitarse a señalar que existe un peligro. Si la documentación describe los peligros de manera genérica, el usuario no puede trasladar esa información a una actuación segura en el trabajo.

Un enfoque por tareas aplicado a la información para el uso implica que:

  • las instrucciones se vinculan a operaciones específicas,

  • los procedimientos tienen en cuenta el estado de la máquina en el que se realiza la tarea,

  • las advertencias se conectan con situaciones de peligro reales y reconocibles.

Por ejemplo, informar del riesgo de movimiento inesperado solo es útil cuando el usuario entiende en qué tarea y en qué momento puede producirse ese movimiento. Una advertencia genérica no evita errores; en cambio, describir la secuencia correcta de actuaciones durante la eliminación de un atasco puede reducir el riesgo de forma efectiva.

ISO 12100 asume que la información para el uso únicamente es eficaz cuando el usuario puede aplicarla sin necesidad de interpretaciones adicionales. Por ello, la documentación debe desarrollarse en paralelo al análisis de tareas, y no como una fase final e independiente del proyecto. Solo así la información para el uso se convierte en un apoyo real para la seguridad, y no en un complemento meramente formal.

Evaluación del riesgo: cambio del grado de automatización y naturaleza del riesgo

ISO 12100 no introduce de manera explícita el concepto de “grado de automatización”; no obstante, de su análisis se extrae una conclusión clara: modificar el grado de automatización cambia la naturaleza del riesgo, y no únicamente su nivel.

A medida que aumenta la automatización:

  • se reduce la exposición directa de las personas durante el funcionamiento normal,

  • cobra más relevancia el conjunto de tareas de intervención y de supervisión,

  • aumenta el riesgo de sucesos peligrosos asociados a un comportamiento inesperado de la máquina.

La automatización suele desplazar a la persona de un rol operativo a uno de supervisión. Esto implica que el riesgo no desaparece, sino que se concentra en un número menor de tareas con mayor potencial de daño. Un ejemplo típico son las tareas de rearme, diagnóstico o mando manual tras una avería.

ISO 12100 establece la necesidad de reevaluar el riesgo tras cualquier cambio significativo en el nivel de automatización. Algunas tareas que antes se realizaban manualmente pueden eliminarse, pero a cambio surgen tareas nuevas, a menudo menos frecuentes, aunque ejecutadas en condiciones de riesgo incrementado.

Si el diseñador analiza el riesgo únicamente desde la perspectiva de los peligros, puede considerar la automatización como una medida suficiente. Sin embargo, un enfoque basado en tareas evidencia que la automatización modifica el perfil de riesgo, no solo su magnitud. Por ello, cualquier cambio en la arquitectura de control debería evaluarse considerando las nuevas tareas y las nuevas situaciones de peligro que puedan aparecer.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la evaluación de riesgos según la norma PN-EN ISO 12100?

Según la norma PN-EN ISO 12100, la evaluación de riesgos es un proceso estructurado que incluye: la determinación de los límites de la máquina, la identificación de los peligros, la estimación del riesgo y su evaluación (si el riesgo es aceptable o requiere reducción).

Lo clave es que la norma trata el riesgo como el resultado de la relación ser humano–máquina en condiciones concretas y durante tareas específicas, y no como una «característica» de la propia máquina.

¿Por qué el riesgo no es una «propiedad» de la máquina?

Los peligros pueden estar presentes en la máquina de forma permanente (p. ej., partes móviles, energía), pero el riesgo solo se manifiesta cuando una persona entra en el área de influencia del peligro durante la realización de una tarea.

Por eso, un análisis basado únicamente en una lista de peligros técnicos a veces resulta insuficiente: no muestra cuándo y por qué se produce la exposición, es decir, una situación de peligro real.

¿Qué significa en la práctica «el riesgo como relación humano–máquina»?

En la práctica, esto significa desplazar el énfasis de la pregunta «¿qué peligros existen en la máquina?» a la pregunta «¿en qué tareas y estados de la máquina la persona está expuesta a peligros?».

El análisis pasa a ser orientado a tareas y a estados: tiene en cuenta los modos de funcionamiento (p. ej., automático, manual, ajuste), el acceso a las zonas peligrosas y los motivos por los que el operador o el servicio técnico deben entrar allí.

¿Qué tareas suelen generar el mayor riesgo?

El mayor riesgo suele aparecer fuera del trabajo automático «ideal», cuando cambia la relación hombre–máquina y la separación de los peligros deja de funcionar en la práctica.

  • eliminación de atascos y perturbaciones del proceso
  • cambios de formato, ajustes, enseñanza (teach) y pruebas
  • limpieza, lubricación, mantenimiento
  • diagnóstico e intervenciones de servicio
¿Qué son las «limitaciones de la máquina» y para qué definirlas?

Las limitaciones de la máquina (según UNE-EN ISO 12100) son el marco en el que se considera su utilización: el uso previsto, el uso indebido razonablemente previsible, el entorno de trabajo, los usuarios y todo el ciclo de vida, desde el transporte y la instalación hasta el desmontaje.

Sin limitaciones claras, la evaluación de riesgos se vuelve o demasiado estrecha (omite tareas poco frecuentes, pero críticas) o demasiado general (mezcla distintas situaciones y pierde precisión).

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